Respuesta a la edición N 14 de Vientos del pueblo y a todas las ediciones que la precedieron.

 

¿El sistema? Sí, aquel  perverso que no hace otra cosa mas que oprimir al pueblo, destrozar las esperanzas del proletariado, explotar a la clase trabajadora, bla, bla, bla.

 

Cantando viejas canciones leninistas, sentados en el parque coreando "hasta siempre comandante", o refugiados en un austero edificio jugando a los guerrilleros. Ellos son los jóvenes antisistema. Pero, ¿cómo definir su comportamiento?  Bueno, el joven antisistema antes que nada carece de importancia como individuo, es decir, su vida no tiene valor hasta que pueda convertirse en masa siguiendo el tortuoso y peligroso camino de la alienación política. El individuo como activista de izquierda o como anarquista no existe, ni existirá. Para poder luchar contra la "opresión suprema" primero se debe oprimir las capacidades y talentos individuales, limitar la libertad individual, decapitar al ser. Uno debe renunciar a sí mismo, arrodillarse ante la causa social, aniquilar su libertad por la libertad del pueblo. El pensamiento puro y único de cada persona se ve mermado, destrozado, mutilado. La literatura ha sido bien utilizada por los teólogos rojos y negros que motivaron al joven antisistema, pues ellos demostraron que "nada es sagrado" excepto la libertad del pueblo, la igualdad, la paz, la fraternidad, y un sinnúmero de sacrosantos preceptos más. Preceptos y leyes más sagradas que las que con su fina e implacable filosofía lograron desmantelar.

 

 Mirad a quienes sacrifican sus sueños y creaciones por la causa revolucionaria, ellos  son pequeños mercaderes, quieren desmantelar al mercado para construir uno nuevo, pero quieren hacerlo por vías capitalistas. Ellos son el capitalismo, el joven antisistema es la pieza más elaborada y planificada del sistema original, son el espacio que se les da a los esclavos para su recreación y relajamiento. La vida del joven antisistema esta basada en los demás, los demás son todo. Sus ideas son buenas en la medida en que puedan resultarles útiles a los demás, a eso lo denominan "causa común".

 

¿Revolución?, no mis queridos amigos. El joven antisistema es la crítica, es el silencio en cada discurso, es la inconformidad, pero nada más. Es un organismo enteramente dedicado a la «resistencia», y en consecuencia su poder de acción se limita a no sucumbir ante los ataques de su adversario. El joven antisistema no sabe como sustituir el estado actual del orden social por uno nuevo, solamente cree saberlo. El joven antisistema sea este rojo o negro llámese anti- social, anti -capitalista o anti-taurino, es la crítica en su forma y estado más puro. La crítica caracteriza a la juventud antisistema, porque es lo que mejor sabe hacer, y porque no sabe hacer otra cosa. Es así como se vuelve una larva de bolchevique, anarquista, socialista utópico; pura y simplemente criticando y además citando muchos acontecimientos históricos que tuvieron lugar en épocas precedentes a su nacimiento, de tal manera que ellos no pudieron conocer la realidad de aquellos actos que de manera eufórica llaman holocaustos, masacres, genocidios y atracos.

 

La psicología del joven antisistema es constante, teniendo como variable al sistema para representarlo de forma matemática. A medida que el sistema desconoce su función como variable, el joven antisistema desconoce su función como constante y empieza a deformarse en subgrupos que predican diversos pensamientos; de aquí provienen las llamadas "culturas urbanas". Sin embargo, el sistema sigue siendo una variable, que a pesar de durar mil años tendrá que cambiar, porque las fuerzas que llegaron a pocisionarlo como tal se agotaran, y en consecuencia el joven antisistema tendrá que cumplir su función como constante y empezar a criticar. Este factor de comportamiento vuelve subjetiva a la clasificación de los sistemas de acuerdo a su estructura   y organización económica, política o social,  pues el joven antisistema criticara y se comportara como una constante irreverente ante todo sistema sea este comunista, capitalista, feudalista, o anarquista.   

 

Para el joven antisistema, el progreso es el resultado de la inteligencia combinada de una mayoría organizada, y nunca puede presentarse como fruto del cerebro individual. Y esta discriminación de sí mismos, de sus talentos y capacidades individuales, los acompaña en su lucha en contra de otra colectividad de las mismas características. "El burgués es el enemigo del proletario", y el proletario es enemigo de sí mismo, porque lo sacrifica todo por la protección y cuidado de su prole, esto es, de personas ajenas a su existencia, haciendo del comportamiento altruista y dependiente,  un tópico fundamental de su plan de acción y filosofía. Y es así como la lucha de clases termina destrozando la unicidad de cada individuo único: volviéndolo común, útil, maleable y parte de la despreciable muchedumbre desorganizada, que siempre ha sido abogado de la estupidez, y de las conductas más cobardes de la humanidad. Por lo tanto, las valiosas y perfectas virtudes de cada persona se vuelven innecesarias, porque cada uno de ellos llega a convencerse de que la "unión hace la fuerza", en lugar de pensar que "yo soy la fuerza" y que los demás charlatanes engañosos necesitan de mí fuerza para satisfacer sus espíritus ambiciosos. 

 

¿Ha sido el pueblo quien los ha llamado? No, ustedes han venido por su propia voluntad, por su propio ego,  por su propia vanidad. ¿O es que ustedes piensan que aquellos escritos tan "acertados", contribuyen objetivamente a mejorar la calidad de vida de la clase trabajadora? Pues si lo creen, el fanatismo o simplemente una excesiva confianza en los talentos y capacidades de cada uno de los miembros de su organización los ha cegado. Y el menoscabo de las capacidades visuales dentro de la lucha de clases puede llegar a ser fatal.  Si uno no ve bien, puede llegar a confundir fácilmente a un  solemne burgués con un hediento mendigo. Y eso sería absolutamente inaceptable para un revolucionario, pues, acabaría por dedicarle sus esfuerzos a un explotador, en lugar de bautizar cada uno de sus escritos en honor a los miles de campesinos que diariamente soportan los miserables infortunios que el malvado capitalismo vierte sobre ellos. ¿Pero, si son miserables, no necesitan comida? Y ustedes les regalan revistas. ¡Que estupidez! Debería darles vergüenza, pues se burlan de su sufrimiento. ¿Y, si son extremadamente pobres, no necesitan posada? Y ustedes les regalan estrellas rojas, hoces y martillos, mofándose de su estado y usándolos continuamente para adquirir notoriedad. Pues yo no creo en ustedes, porque creo en mí. Y sepa el mundo que el comportamiento del joven antisistema no es mas que otro rasgo característico de la hipocresía humana, que de forma inconciente u conciente, intenta convencer al patético vulgo, pretendiendo transformarlos a todos  en fieles, feligreses, activistas revolucionarios o charlatanes obedientes que pese a sus "enormes diferencias", que no son mas que sutiles semejanzas, terminan siendo lo mismo: serviles esclavos de una ideología estéril.         

 

 

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